Estaré sola y sin fiesta es una novela que te atrapa por su intensidad y las preguntas que plantea. La verdad es que yo no tuve buen comienzo con Sara Barquinero, ya que empecé la novela de Los Escorpiones y la tuve que abandonar pero curiosamente esta me ha resultado más accesible. La premisa de la historia me pareció super interesante: el hallazgo de un diario que despierta en la protagonista una necesidad obsesiva por descubrir la vida de la mujer que lo escribió.
A partir de ahí, la novela va dejando en un segundo plano el misterio para centrarse en el mundo interior de sus personajes. Lo importante no es tanto llegar a una respuesta como observar el proceso, las dudas y las contradicciones que surgen durante el camino.
Un aspecto muy importante de la novela y que yo destaco es la manera en que trata Sara Barquinero la soledad. No la presenta como un estado emocional sino como una experiencia cotidiana que es capaz de adaptar muchas formas. Además me ha parecido muy original la forma en que reflexiona sobre la obsesión y la identidad, haciendo ver que los seres humanos tenemos esa tendencia a proyectarnos en la vida de los demás.
Su estilo es exigente e introspectivo pero aún así te mantiene en vilo de principio a fin. Podríamos pensar que estamos ante una novela de misterio pero la autora tiene otros planes. Lo que realmente importa no es la meta final sino el viaje que realiza la protagonista. Las dudas, las contradicciones y las preguntas que se hace la protagonista, van transformando su forma de entender el mundo y también a sí misma.
Me gusta cómo Barquinero juega con las expectativas en la novela. El diario parece prometer una investigación casi detectivesca, pero pronto comprendemos que la verdadera investigación es psicológica. La protagonista busca a otra mujer, sí, pero en realidad está buscando respuestas sobre sí misma. El misterio acaba funcionando como un espejo en el que se reflejan sus inseguridades, sus carencias y sus deseos. Otro de los puntos fuertes es la construcción de la atmósfera, ya que existe una sensación constante de inquietud que no nace de grandes acontecimientos, sino de la incertidumbre, de los silencios y de todo aquello que permanece sin decir. La autora demuestra que no hace falta recurrir a la acción para mantener la tensión narrativa; basta con construir personajes complejos y hacer que el lector quiera comprenderlos.
Creo que, precisamente, una de sus mayores virtudes del libro: no ofrecer respuestas cerradas. Me fascina la forma en que la autora confía en la inteligencia del lector sin necesidad de explicar todo ni cerrar cada hilo narrativo con un lacito perfecto.
Y creo que ahí radica gran parte del logro de Barquinero: convertir un objeto tan simple como un diario en el disparador de una reflexión mucho más amplia sobre quiénes somos, sobre cómo construimos nuestra identidad a partir de lo que vemos en los demás, y sobre esa necesidad, a veces sana, a veces peligrosa de comprender vidas ajenas cuando la propia se nos escapa entre los dedos.
En definitiva, Estaré sola y sin fiesta no es una novela que se cierre con la última página. Es de esas lecturas que continúan trabajando dentro de ti, que te acompañan durante días, haciéndote mirar tu propia soledad con otros ojos.
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