Cuando llegué a Blackthorn creía que tenía claro lo que me esperaba: un romance oscuro con ambientación gótica, dos familias enemigas cuya rivalidad arrastra décadas de rencor, y una protagonista que regresa al pueblo de su infancia cargando secretos que nunca terminó de enterrar. Es el primer libro que leo de J.T. Geissinger, así que admito que no tenía muy claro como escribe, solo por la curiosidad que me despertaba la premisa. Pensé que iba a ser una lectura memorable pero no, fue decepcionante.
La novela empieza con fuerza. Maven Blackthorn vuelve al pequeño pueblo de Solstice, Vermont, para el funeral de su abuela, y ya en las primeras páginas la atmósfera hace su trabajo: la mansión familiar, el recelo de los vecinos, la tensión latente con los Croft, la familia rival. Hay algo genuinamente inquietante en esa pequeña ciudad donde todos se conocen y todos guardan silencio. Cuando el cadáver de la abuela desaparece entre el velatorio y el entierro, el gancho queda puesto y la historia tiene todos los ingredientes para convertirse en algo memorable.
Misterio y romance, una mezcla que podría llegarme a enganchar. El problema es que cuando Maven se encuentra con Ronan Croft, que es el primer amor, hijo del presunto asesino de su madre, multimillonario y obsesionado con recuperarla. Una joyita ¿no?
Las pullas y los insultos están bien hasta que ves como la autora no sabe parar y el misterio que había en la trama se diluye a un segundo plano. Durante muchas páginas se olvida que hay un cadáver desaparecido, una maldición familiar y generaciones de mujeres muertas en circunstancias sospechosas. Hay un thriller gótico enterrado aquí que nunca llegó a respirar.
¿Qué problema hay con Maven y Ronan?
Me da pena que esta novela no me haya gustado ya que Maven parecía una protagonista rompedora: inteligente, independiente, doctora en entomología, madre soltera desde los diecisiete años. Tiene razones de sobra para desconfiar de Ronan, que en su día le pidió que abortara y desapareció de su vida durante doce años, dejándola sola para criar a su hija. Es un punto de partida con mucha carga emocional, exactamente el tipo de herida que, bien tratada, hace que el camino hacia el perdón sea catártico.
La novela no lo trata demasiado bien, me parece que Maven cede demasiado pronto, se hace la "fácil" y el otro personaje no hace mérito para el perdón que recibe; el argumento principal parece ser que Ronan tenía diecisiete años ¡Cómo si ella no los tuviese!
El proceso de reconciliación me resulta demasiado precipitado y poco hecho, como si no estuviese trabajado. Para cuando llegan las escenas de mayor intimidad entre ellos, es difícil no sentir que Maven se ha traicionado a sí misma.
Ronan es sin duda el arquetipo de hombre posesivo. No hay ninguna variación al respecto. Es un modelo que tiene su público, y no es que esté mal ejecutado, pero tampoco aporta nada nuevo ni sorprendente. La química entre ellos funciona a nivel superficial, pero la relación carece de la profundidad emocional necesaria para que el lector invierta en ella de verdad.
Si los problemas de ritmo y desarrollo de personajes son irritantes, el final es directamente desconcertante. En torno al ochenta por ciento del libro, la trama da un giro abrupto que parece pertenecer a otra novela. Todo lo que se había construido con paciencia como por ejemplo la intriga familiar, la tensión gótica, el misterio sobre las muertes de las mujeres Blackthorn entre otras cosas, se apila en los últimos capítulos con una prisa que no permite asimilar nada. Las revelaciones se suceden sin espacio para respirar, los giros se contradicen entre sí, y el desenlace final deja más preguntas abiertas de las que responde, no de manera que invite a la reflexión, sino de manera que parece descuido.
Hay lectores que han interpretado esa ambigüedad final como una apuesta arriesgada e interesante. Respeto esa lectura. Pero desde mi perspectiva, un final que genera confusión no es lo mismo que un final que genera misterio. La diferencia está en si la ambigüedad parece calculada o improvisada. Aquí se siente improvisada.
Dicho todo esto, creo que la novela no es un texto sin virtudes. Su escritura es fluida y tiene momentos llenos de ingenio. La ambientación gótica, cuando se le da espacio, funciona muy bien: hay imágenes y escenas que se quedan grabadas. Y la versión en audiolibro, con narración dual a cargo de varios actores, añade una capa de inmersión que mejora la experiencia. Quienes la escucharon coinciden en que la narración es uno de sus puntos fuertes.
Blackthorn tiene la materia prima para ser una novela gótica memorable, pero no llega a serlo. Si buscas un romance oscuro con atmósfera y no te importa una trama que se deshilacha en el último tramo, puede que lo disfrutes. Si esperas que el misterio familiar esté a la altura de la premisa inicial, probablemente te decepcione como a mí.
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