Hoy vengo a hablar de un libro que he tardado en leer, no porque fuese malo, sino porque me ha parecido una novela muy conmovedora y devastadora. Compré esta novela en la Feria del Libro y la verdad es que no me arrepiento de ello.
La historia cuenta el crecimiento de Betty Carpenter, nacida en 1954 en Arkansas. Betty es hija de Landon, un hombre cherokee lleno de sabiduría y relatos ancestrales, y de Alka, una mujer blanca marcada por la depresión y el trauma. Tras años de peregrinaje, la familia se establece en Breathed, un pequeño pueblo ficticio de Ohio.
Debido al color de su piel, más oscura que la de sus hermanos, Betty sufre desde niña la discriminación y el racismo. Sin embargo, en medio de la pobreza, el estigma social y los secretos violentos que acechan a su familia, su padre le enseña a refugiarse en la naturaleza y en el poder transformador de las palabras: Betty empieza a escribir sus propios relatos y a enterrarlos en el jardín como una forma de liberar su dolor.
Creo que un punto fuerte es el personaje de Landon, porque, desde mi punto de vista, representa la figura del sanador y del guardián de la memoria. Frente a la desesperanza que rodea a su esposa, Landon se sitúa como el ancla de resistencia de la familia. Además, en contraste con la violencia que sufre Betty e incluso con la violencia de otros hombres destructivos del pueblo, Landon encarna una masculinidad basada en el cuidado, la paciencia y la ternura hacia sus hijas.
Por otro lado, Landon enseña a sus hijos a leer el paisaje no como mera tierra, sino como un organismo vivo lleno de remedios y lecciones. La botánica y la medicina tradicional cherokee que él practica son una forma de autonomía y supervivencia frente a una sociedad que los margina.
Otro de los puntos importantes de la novela es la tradición cherokee, ya que las historias no se cuentan para entretener, sino para sanar, explicar el dolor y preservar el mundo. Landon utiliza el folclore para reencuadrar la dura realidad de Betty y sus hermanos.
Cuando Betty sufre agresiones por el color de su piel, Landon no intenta ignorar el rechazo, sino que lo transfigura. Le cuenta mitos sobre cómo las cosas más oscuras de la naturaleza (como la tierra negra, las moras o las estrellas en la noche) son las más fértiles y hermosas. Los relatos que contaba sobre criaturas míticas y animales servían para explicar por qué existía la crueldad en las personas. Esto permite a Betty comprender la maldad del mundo sin dejar que destruya su propia humanidad.
Por otro lado, Landon le inculca a Betty la idea de que la Tierra puede absorber el dolor, y de aquí nace la costumbre de Betty de escribir sus vivencias traumáticas y enterrarlas en el jardín. El mito cherokee se convierte en un ritual de catarsis: lo que se entierra en la tierra no muere, se transforma en algo que deja de doler.
En el libro, mediante las enseñanzas de Landon, se muestra que la herencia indígena no es un estigma, sino una linterna. En una época (los años 50 y 60) en la que ser de ascendencia indígena significaba sufrir discriminación institucional y social, la mitología cherokee actúa en la novela como resistencia cultural. Conservar los mitos es negarse a ser borrados por el racismo dominante.
En Betty, la prosa poética se convierte en un gran recurso: un antídoto contra el dolor. Es increíble cómo la autora utiliza esta prosa para narrar el dolor que surge de la discriminación. De esta manera, consigue transformar esa pena en resiliencia.
"Lo que ella necesitaba era un infinito repentino. El tiempo en forma de múltiples rayos de luz en los que pudiese encontrar todo lo que buscaba." (Betty, Tiffany McDaniel, Hoja de Lata)
¿Para quién recomendaría esta novela?
Esta novela es para aquellos que busquen una historia con un gran calado emocional, pero que también se lea rápidamente. También la recomendaría si disfrutas de la literatura en la que la naturaleza, el folclore y el paisaje tienen tanto peso (o más) que los personajes. Por otro lado, los lectores a quienes les gusten las historias con vínculos familiares complejos disfrutarán de esta novela, ya que se muestra la sororidad como sinónimo de fuerza y una relación paternofilial entrañable. Por último, se la recomendaría a aquellas personas que buscan saber más sobre la herencia indígena y las raíces culturales.
Si estás pasando un momento de vulnerabilidad emocional, esta novela no es para ti debido a su dureza. Aborda temas como el abuso sexual infantil, el racismo, el suicidio y la violencia doméstica.

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