Buenos días.
Hoy cerramos temporada en La Caverna de Lu y para ello vamos a hablar de los mejores libros que llevo en lo que va de año. He tenido un total de 70 lecturas entre las que ha habido tanto libros buenos como otros que no me lo han parecido tanto pero que aun así he disfrutado. En total han salido 16 libros que considero que han pasado el corte de "Mejor lectura de este medio año" ya sea por su trama, por las sensaciones que me han dejado o porque simplemente han llegado en el momento justo.
Están presentados de menos favoritismo a más.
En el puesto 16 está El secreto de Gabriela Salazar. Por mucho que sea el primero en abrir la lista no es que sea menos bueno. Es el primer libro que he leído de este autor y me ha encantado. De hecho no me parece nada juvenil, tal y como se cataloga en algunos sitios. Para mí esta historia tiene mucha profundidad pero el motivo por el que no está en el puesto número 1 es que los libros sobre nazis no son lo mío porque me olvido de nombres. Aun así me parece que es una lectura muy buena, con ritmo y muy bien documentada.
Lo coloco en este puesto porque, sin ser la lectura más intensa del año, sí ha sido una de las que más resonancia emocional me ha dejado. Es raro, es distinto y, sobre todo, es un libro que se queda.
En el puesto número 11 está Nubes flotantes ya envejecidas de Can Xue
Esta novela, publicada en España por Hermida Editores con la traducción de Blas Piñeiro, es una nouvelle grotesca y surrealista donde la vida cotidiana de vecinos, familiares y pareja se convierte en un escenario de voyeurismo, hostilidad, deterioro y tensiones psicológicas. Ha sido una lectura que me ha sacado de mi zona de confort. Can Xue escribe desde un lugar que no busca agradar ni facilitar la entrada: sus personajes se mueven en un entorno incómodo, lleno de miradas indiscretas, sospechas y dinámicas familiares tensas. Y aunque eso puede resultar desconcertante, para mí ha sido precisamente lo que lo ha hecho interesante.
Lo que más me ha impactado es la sensación de extrañeza constante No es un libro que se lea para seguir una trama clara, sino para entrar en un ambiente donde todo está ligeramente torcido. Nadie confía en nadie, y todos parecen atrapados en una red de celos y resentimientos. Esa atmósfera me ha resultado fascinante porque te obliga a leer de otra manera: más atenta, más abierta a lo simbólico y a lo absurdo.
Inspirada en la historia real de la madre de la autora, la novela combina un lirismo muy marcado con una crudeza temática que no se anda con rodeos: racismo, sexismo y violencia son protagonistas constantes, y sin embargo McDaniel consigue, desde una mirada infantil, mostrar que también hay belleza en medio de las mayores dificultades. Es un libro que exige estómago —hay pasajes duros de leer, especialmente los que tocan el maltrato infantil— pero que se sostiene gracias a una prosa que roza lo poético incluso en sus momentos más oscuros.
Lo coloco en este puesto porque es una de esas novelas corales y desgarradoras que se quedan contigo mucho después de cerrarlas: una historia sobre la identidad, la resiliencia y lo que significa encontrar tu propia voz en un mundo que insiste en silenciarte.
Llegamos al número uno, el libro que se lleva la corona de este medio año: Solo quería bailar, de Greta García.
La novela narra en primera persona la historia de Pili, una bailarina sevillana que está en la cárcel porque acabó "jarta", como ella misma dice, de la institución y su burocracia, y se volvió terrorista, aunque no una tan buena como a ella le hubiese gustado. Pili habla en andalú, es divertida, escatológica y tonta, o eso le han dicho una y otra vez, pero detrás de ese discurso aparentemente naíf y deslavazado se esconde un alegato certero contra el sistema y sus baluartes, con bastante mala leche y una capacidad enorme para hacer reír incluso en los momentos más ásperos. De hecho hay quien la ha emparentado con toda la tradición picaresca española por esa manera de contarse a sí misma desde el margen, con humor y con rabia a partes iguales.
Y es exactamente eso lo que a mí me ha conquistado por completo: la dureza del contenido, tan cruda en el fondo, contada con una voz que no suaviza nada pero que tampoco se regodea. Greta García, que además de novelista es bailarina, coreógrafa y payasa, escribe como si trabajara con el cuerpo. Hay un ritmo, una cadencia impetuosa, una oralidad tan viva que parece que Pili te está hablando a ti directamente, sin filtros, sin pedir permiso. Esa fonética andaluza puesta por escrito no es un adorno, es la columna vertebral del libro. La forma en la que se cuentan las cosas es, en sí misma, el acto de rebeldía que Pili protagoniza.
Lo coloco en el número 1 porque pocas veces un libro consigue que la crueldad del sistema y la ternura del personaje convivan con tanta naturalidad, y porque esa dureza, lejos de agotar, engancha desde la primera página hasta la última. Es una novela bruta, irreverente y absolutamente inolvidable, y para mí ha sido, sin duda, la mejor lectura de lo que llevamos de año.







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