Parece mentira que hace unos años Blackwater no me llegase a emocionar del todo y que ahora vaya a decir que Hija de la Venganza ha sido una de mis mejores lecturas pero es que así es. Lo cogí sin ganas, o quizá con pocas, de la biblioteca y la verdad es que cuando me he puesto a leerlo no he podido soltarlo. Hija de la venganza es un libro del autor de Blackwater que ha publicado recientemente Blackie Books. La historia arranca en 1871, cuando Philomela Drax, una joven sin un duro pero con mucho carácter, recibe una carta de su abuelo que teme por su vida. Sin pensárselo dos veces, Philo se lanza a ayudarlo, aunque pronto descubre que se ha metido en la boca del lobo: en su camino se cruza con los Slape, una familia que personifica la maldad sin matices, y especialmente con Katie Slape, una joven con dotes de clarividencia y una frialdad que hiela la sangre.
A partir de ahí, todo se convierte en una constante persecución, que va saltando desde pueblos polvorientos hasta los muelles de Nueva York pasando por la elegancia de Saratoga. Lo que más me ha gustado de cómo está construida la trama es que no da tregua: los capítulos son cortos y cada uno trae su propio revés de fortuna, así que es prácticamente imposible dejar el libro a un lado sin querer saber qué va a pasar en la siguiente página.
Me gusta como Philo y Kate son personajes que están hechos en contraposición: Philo representa la virtud y la determinación y Kate representa la maldad más calculada. Aunque este enfrentamiento marcado puede parecer simplista, McDowell lo lleva con tanta seguridad que en ningún momento resulta plano, de hecho, es lo que hace que no baje la tensión ni un segundo.
Si hay algo que se queda con todo lo demás es el ambiente. McDowell tiene esa virtud de meterte en un lugar y en una época sin que te des cuenta: de repente estás paseando por polvorientos pueblos, yendo a los muelles bulliciosos de Nueva York o impregnándote de la falsa elegancia de Saratoga. Todo esto se siente real y palpable. Lo mejor es que no es una ambientación decorativa que está ahí de fondo, es casi un personaje más, algo que va marcando el ritmo y la tensión de la historia tanto como los propios protagonistas.
Esa atmósfera densa, casi opresiva, es la que me ha hecho reconciliarme con el estilo de McDowell después de que Blackwater no terminara de convencerme del todo. Aquí todo está mejor concentrado, más certero, sin nada que sobre. Cada escena parece construida para que el ambiente cale hondo antes de que ocurra lo que tenga que ocurrir, y eso genera una sensación de amenaza constante que no te deja bajar la guardia en ningún momento.
En definitiva, Hija de la venganza es de esos libros que te atrapan por completo, con una mezcla perfecta de trama trepidante, personajes inolvidables y, sobre todo, una atmósfera que se te queda grabada mucho después de cerrar sus páginas. Ha sido una auténtica sorpresa, de esas lecturas que te recuerdan por qué te encanta leer, y la recomiendo sin ninguna duda a quien busque gótico sureño hecho con maestría.
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